Cuando hace algún tiempo, mientras trasteaba por internet, localicé por accidente la primera edición en castellano de un libro que durante años había sido mi libro favorito, no pude, pese a su precio, dejar de comprarlo. Como quiera que la experiencia de leer esa historia en su primera edición me resultó muy grata, he ido adquiriendo aquellos otros libros que me resultaron significativos cuando allá por EGB o BUP fui obligado a leerlos, aunque extrañamente supe apreciar. Así me hice con una primera edición de "El árbol de la ciencia" de Baroja, con los "Episodios nacionales" de Galdós en una edición de lujo del siglo XIX, o con la primera edición de "Industrias y andanzas de Alfanhuí", al que recuerdo como la primera novela que identifiqué como obra artística.
Pero también he comprando libros que hasta entonces no había leído, pero cuya lectura en una edición antigua suponía me iba a generar un plus de placer estético. En este apartado podría incluir volúmenes como una segunda edición de las "Cartas marruecas" de Cadalso, o una edición trilingüe de la "Poética" de Aristóteles.
Otras adquisiciones de mi biblioteca se deben a los regalos de mi mujer, que además de buena, es guapa, lista y tiene un excelente gusto para los libros y los hombres. Alguno de los ejemplares más valiosos de mi biblioteca, estética, literaria y crematísticamente hablando, son regalo suyo, y así poseo una edición en perfecto estado de "Las novelas exemplares" impresas por Antonio de Sancha. Tiempo habrá de comentar esos libros, pero ahora me centraré en aquel con el que me inicié en esta afición, que ya casi podría calificar como vicio. Se trata de una primera edición en castellano de "Los miserables" de Víctor Hugo, editada en 1862 y 1863 (tercer tomo), al tiempo de su salida al público francés, y que fue traducida por Nemesio Fernández Cuesta.
Llama la atención la mala calidad del papel en esta segunda mitad del siglo XIX, al menos en estas ediciones
populares. No obstante, a nivel general se observa claramente que la calidad del papel del siglo XVIII es muy superior a la del siglo siguiente. La razón fundamental es la mejor calidad de la materia prima utilizada para su fabricación -que era además un proceso artesanal-, a base de trapos viejos y lino. Fue sobre 1840 cuando se consiguió abaratar mucho el proceso al usar pulpa de madera, un material mucho más barato comenzando la producción industrial. El papel de este libro es buen ejemplo de ello.
Otra de las características que he aprendido a apreciar en estos libros antiguos es la huella que el paso del tiempo y de los propietarios ha ido dejando sobre ellos. En este ejemplar, por ejemplo, comprobé que aparece a lápiz la firma del propietario, resultando ser José Toral Sagristá.
Consultando en google descubro que fue un escritor de la Generación del 98, nacido en Andújar en 1874 y fallecido en 1935.



No hay comentarios:
Publicar un comentario